domingo, 27 de marzo de 2011

¿Pierna o corazón?



Ya lo conté. Ya he contado otras veces cómo he llegado a los parches de fentanilo, de morfina. 

Celebrando los Reyes de 2010 tocaba ir a llevar lo que por equivocación habían dejado aquí los dichosos pajes. Los niños saben bien a quien no besar, y en esas, el mío, cuando lo tenía pegado al moflete se dejó caer a plomo y de un rodillazo me reventó el dedo y me rompió un hueso. Desde entonces dolor. Era lo único claro. Y peregrinaje de consulta en consulta sin que nadie hiciera caso a nadie, con nueve diagnósticos encima, y ahora es isquemia, ahora es otra cosa, porque en la radiografía nadie quiso ver hueso roto y una lesión por falta de riego, salvo mi médico de familia. Pero la pirámide de poder es tal en medicina que lo que no ve un especialista es imposible que lo vea alguien de primaria. Para colmo Carlos Haya, el hospital que me trasplantó, pedía en un P10 que me tratasen la lesión en el Hospital de Día de Endocrinología del Virgen del Rocío, porque vivo en Sevilla, y allí, con la razón que les da el papel, se negaron a atenderme, porque no había una lesión grado dos. Si el papel lo dice, va a misa. Y con el P10 se limpian lo que yo sé.

Mientras pasaban los meses, dolor e infecciones. Una escara del carajo en la punta del dedo que nadie se atrevía a quitar, porque sólo el roce era insoportable, y ante la duda... echarle la culpa a la uña, que si hongos que si su madre. Y en septiembre, harta y llorando tras tocarme de nuevo en la Facultad de Podología, sin un papel que llevarme a la mano, porque nadie ha dejado rastro de todo el proceso (dudo mucho que haya menos literatura de ningún otro caso), discutiendo con el profesor Martínez Camuña, acepto empezar a curarme allí. El único lugar donde han tenido el valor de llevarme ha sido al final un área clínica de una universidad, y siempre me pregunto que cómo puede ser esto. 

El dolor ha ido en aumento, como la amplitud de la lesión (la falange está ahora al aire) porque no le llega sangre por una estenosis aórtica severa que hay que ver si se puede intervenir. Cuando me pasaron a la morfina sólo podía recordar a los que quiero y se fueron en oncología, y lo primero que pensé: esto es ya el final; pero muchos prometían, viendo la gravedad del caso de forma parcial, que saldría de esta. La parcialidad, qué mala es.

Ahora hay dos caminos. Uno es arreglar corazón, y prometen pie lázaro, que se levanta y anda. Pero la mayoría de los que se van tras una intervención cardíaca es por una infección, y tengo todos los puntos, con un foco abierto y una inmunosupresión de cojones. Lo segundo es cortar por lo sano primero. Y curada la herida (a la altura de la falange, del tobillo o de la rodilla, que ya me importa un bledo, la cosa es poder tener corazón), intervenir la valvulopatía. 

Tendré buenos cirujanos y un equipo de lujo, pero ¿y luego?. La UCI hasta la bola, y lo mismo te ponen al lado a un infeccioso, que a la mula francis. Prefiero la mula, claro, mientras no me pegue nada más que el relincho. En la reunión del 22 entre los que dirigen UCI, las asociaciones de trasplantados y gerencia, se nos promete hacer un esfuerzo para que estas cosas no pasen. Pero lo promenten porque están pasando. ¿Y luego? Pues a planta. Y lo que me encuentre allí ya me lo imagino. Corriendo. Me veo saliendo corriendo a la pata coja o con las patas por delante, pero saldré. Esto si tiran primero por el motor. Pero si es por la rueda, ¿qué pasará?, ¿me dará tiempo a que cicatrice todo y puedan llevarme a lo de antes, saltándome a la torera anginas de pecho, que no hay morfina que disimulen?


Lo peor toca cuando te enfrentas a quién decide rueda o motor. Cada uno ve una pate del problema: los mecánicos que saben de pistones no quieren ver ruedas, y a los de las ruedas no les pagan por motores. Con tanto politiqueo de unidades de gestión clínica como empresas privadas, enfrentadas a defender presupuestos y no personas, nadie está dispuesto a oir a nadie.


Desde Primaria, hace nada, uno de los médicos de Urgencias me aconsejó solicitar por escrito una comisión de expertos. Me sonaba a comité de sabios y al Jedi y a que la fuerza te acompañe. A este paso, lo único que me acompañará será la fuerza. Y el día que apriete el dolor, la fuerza brillará por su ausencia. Como hoy. Que soñé que estaba sobre un quirófano helado y ese frío me afectaba tanto al pie que no paraba de llorar, y desperté.


Un comité de expertos... no se ponen de acuerdo ni para saber si les corresponde atenderme, como les toque los cojones con un comité me fríen a balazos...


En Podología les he vuelto a decir que me corten la pierna. Y mi profesor, al que aprecio mucho, como al resto de mis otros "profesores" de allí, me pide que esperemos a ver qué deciden después del cateterismo, que ya queda poco.


Que decidan ya. Que cada día estoy más cabreada, más dolida, y me siento más sola en medio de esta cadena de irresponsabilidades estructuradas en planes quinquenales de "a mí no me toca verte". Que decidan ya, que no me van a matar, porque tengo muchos proyectos aún, y peleas que ganar. Que decidan o decidiré yo.




Beatriz González Villegas.