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jueves, 22 de marzo de 2012

Cuando cambie la tortilla en Andalucía no querremos desnudarnos.

sábado, diciembre 17, 2011
 

Hace unos días me mandaron un mail pidiendo movilizaciones para salvar la Sanidad Pública madrileña. Que si los constructores que ahora se dedican a forrarse haciendo hospitales van a tener treinta años de explotación de esos mismos hospitales públicos (¿públicos?), que si los pacientes crónicos caros vamos a dejar de tener tratamientos también caros (ergo game over) porque no somos rentables para los nuevos empresarios de la medicina trilera, que si muchas otras cosas.
 

Pronto nos enfrentaremos a los nuevos comicios en Andalucía. Las elecciones al Parlamento andaluz de marzo pueden abrir las puertas a los recortes sanitarios de los que, nos guste o no, puede depender nuestra calidad de vida. Y sigo sin ver a asociación alguna posicionándose para defender lo que ya tenemos, o defender lo que vemos en esas Comunidades Autónomas donde mandan otros. ¿Queremos copago?, ¿nos gustará el no poder medirnos el azúcar en casa?, ¿habrá modelo finlandés para los diabéticos andaluces?...
 

Son demasiadas las preguntas. Peor aún, es demasiado miedo. Puede que sea por eso, por el miedo a perder las subvenciones cuando cambie la tortilla, por lo que las asociaciones callen cuando se trata de presionar y dejar claro que no queremos ni copagos ni recortes. Claro; las subvenciones. A nosotros, los páncreas de la ATP, como no nos subvenciona nadie no nos afecta ese miedo. Nos vamos a quedar igual. Y por eso sí que podemos decir lo que nos parezca. Y nos parece que, a pesar de todo lo que nos hemos quejado, es el momento de defender lo que hay, porque veremos a ver qué narices vamos a tener en este futuro de crisis y miserias que se nos plantea de aquí a cuatro años.
 

Viendo esta noticia sobre el desnudo de unos padres chinos se me pasa por la cabeza lo que podremos ver si nos descuidamos en un tiempo en nuestro querido país. Con lo que les ha costado a nuestros padres y abuelos conseguir una Sanidad Pública gratuita, donde no se mide al paciente por el coste que ocasione, sino por ser una persona a la que hay que curar, ahora vamos y olvidando todo lo pasado tiramos por la borda este derecho a vivir el mayor tiempo posible y con la mayor calidad posible.
 

Nos dejamos deslumbrar por cuatro casos de corrupción y, cabreados, no vemos lo que se avecina. Habría que haber hecho hincapié con un PAI de prevención de la ceguera por descontento. Los que vemos desde dentro lo que está pasando tenemos la obligación de decirlo en voz alta. Con o sin subvenciones. Un poco de coherencia entre los involucrados en asociaciones de salud, y esto podríamos cambiarlo.

Beatriz González Villegas.





Foto



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Familia china se desnudó para buscar ayuda y pagar cuenta de hijo en hospital



Read more: http://www.elnuevoherald.com/2011/11/29/1074018/familia-china-se-desnudo-para.html#ixzz1gjrz2ppL

EFE



Pekín -- Una familia china salió desnuda en las calles de Shuidong Remin, en la comarca de Dianbai, en la provincia sureña de Cantón, en busca de ayuda para pagar la cuenta de uno de sus hijos, de dos meses, en un hospital local, informó hoy el periódico oficial “Global Times”.
Según el medio, la pareja debía 1.500 de yuanes (235 dólares) a la “Maternidad de salud de la madre y el niño de Dianbai” en donde estaba internado su último hijo y al que dicho hospital decidió retener hasta que sus padres cancelaran la cuenta.
Las autoridades locales informaron de que la pareja, apellidada Zhang, oriunda de la provincia central de Henan, salió a las calles acompañada de sus otros dos hijos, también desnudos, en busca de ayuda.
Tras la intervención de la policía, el hospital decidió condonar la deuda y entregar al recién nacido a sus progenitores.
Según el medio, los padres del niño llegaron hace tres meses a Cantón para trabajar en una estación de rescate en Dianbai.
La situación de la familia Zhang es un exponente de los 100 millones de personas que viven en la pobreza en China.
La población oficial china en estado de necesidad pasará de 26,88 millones de personas a alrededor de 100 millones, después de que el Gobierno chino anunciara hoy que doblará el umbral de pobreza nacional para igualarlo al estándar de la ONU (personas que viven con menos de un dólar al día).
Hasta ahora Pekín consideraba pobres, y por tanto candidatas a recibir subsidios estatales de ayuda al desarrollo, a las personas con ingresos menores a 3,4 yuanes diarios (53 centavos de dólar, 39 céntimos de euro), pero a partir de ahora entrarán en esta clasificación aquellos con menos de 6,3 yuanes al día (98 centavos de dólar, 73 céntimos).
Aunque China ya es la segunda economía mundial en términos de producción total (PIB), su renta per cápita, debido a la elevada población, es aún muy baja (4.300 dólares anuales en 2010), lo que la sitúa en torno al centésimo puesto en el ranking de naciones del planeta.


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sábado, diciembre 17, 2011

miércoles, 10 de agosto de 2011

Quirófanos rosa.


El Dr. Julio Mayol cita en uno de sus post este interesante artículo que copio. 
En él se leen declaraciones como la siguiente: "A menudo, los cirujanos son contratados sobre la base de sus logros del conocimiento, capacitación y asistencia técnica", dice Klein, el Presidente Esther y Mark Schulman en cirugía y medicina de trasplantes. "Sin embargo, las salas de operaciones son ambientes sociales donde todos deben trabajar juntos para el beneficio de los pacientes. Cuando un cirujano, que está en la posición de poder, es grosero y belittlies el resto del personal, que afecta a todo."
Seguro que tienen razón el Dr. Mayol y Klein. Las veces que he vivido peores quirófanos han sido cuando la anestesia era local, claro, porque me enteraba de todo y me sentía inmovilizada en medio de un sitio extraño congelado,  dejándome hacer mientras temblaba de frío y miedo. Oir las conversaciones de los que saben, a veces me tranquiliza, a veces me mosquea. Pero es verdad que han cambiado las cosas. Ya no escucho broncas sindicales entre el personal mientras me cortan por aquí o por allí, y, en general, ellos hablan con nosotros para tranquilizarnos. Recuerdo un cateterismo que se me hizo cortísimo hablando con mi médico de fósiles. Sin darme ni cuenta la historia se acabó, y cuando él me dijo "ya está" me faltó pegar un salto y darle un abrazo porque el miedo había desaparecido ese rato; en otra ocasión, la enfermera me contaba que el cirujano era tan guapo que lo quería de novio para su hija de 24 años, que estaba como un tren, y él se dejaba querer y nos reíamos; y ocurrió lo mismo, que todo pasó sin que pitara ningún sensor ni esas historias que nos ponen. Quirófanos rosa los hay. Pero negros, también. Menos, gracias a Dios. Ahora toca olvidarlos. Ahora toca vivir y disfrutar de seguir siendo una gran afortunada, capaz de sobrevivir a un doble trasplante y a una operación de corazón. Pero hay que contarlo. Los estudios esos que salen en prensa sobre las conclusiones que sacan unos que saben no tienen sentido si los que estamos en el ajo no contamos desde nuestra perspectiva de lo que allí pasa. Por eso estamos pidiendo que las asociaciones tengan un sitio en los hospitales, para poder poner en valor lo que sentimos mientras tanto. Seguro que algún día los quirófanos negros desaparecen, esos donde ronda lo oscuro en forma de enfados, egos revoloteando por encima de la vida del paciente que no dice nada porque la anestesia le calla, o donde el miedo es el que manda a todos: a los del bisturí y a los que le rodean.

Sí, son necesarios médicos como el Dr. Mayol para contarlo, y con la sinergia de la red envalentonarnos el resto para eliminar lo negro. Si no, anda que íbamos a escribir de los mismos que nos operarán en el futuro...
Beatriz González Villegas.

Surgeons’ Civility in Operating Room Benefits Patients, Reduces Costs

Released: 7/14/2011 1:00 PM EDT
Embargo expired: 7/18/2011 4:00 PM EDT
Source: Cedars-Sinai Medical Center

EMBARGO LIFTS JULY 18, 3PM Central Daylight Time (4PM EDT)
Newswise — LOS ANGELES – July 18, 2011 -- A surgeon’s behavior in the operating room affects patient outcomes, healthcare costs, medical errors and patient- and staff-satisfaction, says a commentary in the July issue of Archives of Surgery.
In an increasingly rude society where it is rare for a stranger to give up a bus seat to a senior citizen and expletives have become all-too common in daily conversation, the lack of civility has degraded all aspects of life, even the surgical suite, says the article’s primary author, Andrew S. Klein, MD, MBA, a prominent liver surgeon and the director of the Cedars-Sinai Comprehensive Transplant Center.
“Often, surgeons get hired on the basis of their knowledge, training and technical accomplishments,” says Klein, the Esther and Mark Schulman Chair in Surgery and Transplantation Medicine. “But operating rooms are social environments where everyone must work together for the patients’ benefit. When a surgeon, who is in the position of power, is rude and belittlies the rest of the staff, it affects everything.”
Klein and co-author Pier M. Forni, PhD, cite numerous studies to demonstrate the links between rudeness in healthcare and how it affects patient care:
• A study of 300 operations in which surgeons were ranked for their behavior shows a correlation between civility in the operating room and fewer post-operative deaths and complications.
• Because co-workers tend to want to avoid a doctor who belittles them, 75 percent of hospital pharmacists and nurses say they try to avoid difficult physicians, even if they have a question about the doctors’ medication orders.
• Hospitals with high nursing turnover generally have increased medical errors and poorer clinical outcomes. Klein and Forni suggest high turnover should be expected when a one survey reports more than two-thirds of nurses assert that physicians verbally abuse them at least once every three months.
During operations, surgeons cannot seek consensus on whether to employ staples or sutures. But it is bad medicine for them, for example, to berate a technician for wrongly handing them a clip if they, instead, have asked for a clamp, says Klein. Further, he states, once surgeons leave the operating room, they must understand the importance of relinquishing authority. By empowering others to lead, surgeons gain immeasurable respect among peers and subordinates; they create a culture of loyalty that surpasses what can be achieved via the strict, top-down management style that can be the typical persona of surgeons, Klein says.
Forni, founder of the Johns Hopkins Civility Project at Johns Hopkins University in Baltimore, says two elements conspire to promote incivility – stress and anonymity. While surgery, by nature, is a stressful discipline, if surgeons took the time to know their co-workers better, it would help establish a positive workplace culture, he says. That, he adds, translates into better patient care and outcomes, as well as higher job satisfaction for colleagues.
When people, especially team leaders, act rudely, Fomi says, “the stress response is activated, blood pressure increases and the body’s immune system is weakened, Studies show that incivility in the surgical workplace is associated with increased staff sick days and decreased nursing retention, both of which are associated with increased medication errors.”
The steps to create a culture of civility in operating theaters must start early in surgeons’ formative years, Klein says. Personal attributes pinpointed to pick young physicians for highly competitive training programs and methods used to train surgeons establish an enduring foundation for their interpersonal behavior for the rest of their careers. The challenge for medical mentors of the next generation of surgeons is how to nurture important traits in their charges of ego strength, confidence, focus, work ethic and dedication -- without abandoning the practitioners’ commitment to civil behavior. “We should place increased emphasis on nontechnical skills such as leadership, communication and situational awareness and teamwork,” Klein says.
These high personal attributes also should be applied to senior surgeons seeking advanced academic appointments, says Klein, who lectures often on civility in the medical and surgical workplace. Too often, hospital leaders hire based on surgeons’ clinical volume or grant funding with little or no recognition of their interpersonal skills, he said. “The temptation to ignore warning signs that a surgeon will not play well in the sandbox with peers and co-workers is seductive when large clinical practices and NIH funding are at stake,” Klein said.