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viernes, 11 de abril de 2014

Cómo cuidar los pies si padeces diabetes

El Colegio Profesional de Podólogos de Asturias nos ofrece una serie de consejos útiles que nos ayudarán a mantener sanos nuestros pies, sobres los que, siguiendo las palabras de Violeta Parra, recorreremos ciudades, playas, desiertos, montañas y llanos. Con ellos también nos meteremos en más de un charco, pringándonos de mierda hasta las trancas, o iremos a casa de alguien, a su calle y a su patio. 

Vayamos donde vayamos nos toca hacerlo con los pies, si tenemos suerte de tenerlos. Así que ojo al dato, que más nos vale cuidarlos.

Ahí os dejo unos fragmentos, y el enlace donde os podéis empapar como esponjas (de manos o de pies) de los que más saben de este tema tan peliagudo.




PARA ADULTOS 
El dolor de los pies es un síntoma muy frecuente en la edad adulta. La mayoría de las personas lo sufren en algún momento de su vida, ya que pueden ser asiento tanto de enfermedades originadas en ellos como de enfermedades generales que les pueden afectar (artritis reumatoide, artrosis, gota, diabetes, etc.).

Para preservar los pies en buen estado de salud, es conveniente tener presente algunos consejos:

  • Usar zapatos amplios y de piel flexible, dejando una distancia de aproximadamente 1cm entre el dedo más largo y el final del zapato. (vamos, que te queden grandes)
  • No usar sólo el mismo par de zapatos durante mucho tiempo. Alternar dos o tres pares (dicen dos o tres pares, no dos o tres docenas de ellos, que hay mucha Imelda Marcos entre nosotras, mientras otros malamente podrán hacerse con ese otro par extra con el que cambiarse... qué mal repartido anda el mundo; pero el mundo anda).
  • Evitar tacones altos y estrechos (Si por mí fuera, los prohibía todos; ¡vaya manía tenemos con eso de disimular lo que no somos desde el paleolítico!).
  • El contrafuerte del talón debe ser confortable pero a la vez deberá impedir los desplazamientos laterales.
  • Comprar zapatos a última hora de la tarde, cuando el pie alcanza el máximo volumen (y si encima te los tienes que comprar como las botas de montaña, un par de números más para que no te quedes sin uñas bajando cuestas, mucho me temo que por la mañana sea cuando uses un par, y de tarde, otro más amplio; ¡y la cosa está como para tantos gastos de zapatos en condiciones y en piel!).

PARA DIABÉTICOS
La diabetes es una enfermedad crónica caracterizada por el aumento de glucosa en la sangre y como consecuencia de ello se produce una alteración en la circulación sanguínea periférica, muy especialmente a nivel de los pies. Para evitar o minimizar sus complicaciones, es muy importante observar los siguientes consejos:
  • Lavar diariamente los pies con agua templada y jabón neutro (cuando dicen jabón neutro, el mejor es el hecho en casa, que hoy se compra hasta en la Feria de El Pedroso; Y si no te llegas por allí, te vale el jabón Lagarto blanco, mejor que el verde que lleva colorantes).
  • No mantenerlos mojados más de 10 minutos (la humedad te acerca más a un campo de setas que a un pie normal; esta historia no se refiere a que no te pases más de diez minutos en la piscina, o dándote un bañito en el mar, sino que una vez fuera, ¡a secar!, y evitas los hongos).
  • Secar adecuadamente los espacios interdigitales (una buena idea es hacerlo con un secador que tenga la opción de echar aire frío; como sólo eche aire caliente, y el que se lo seque haya perdido sensibilidad, le pueden quedar los pies como los pollos asados).
  • Aplicar crema hidratante en todo el pie menos en los espacios interdigitales (entre los dedos quieren decir; claro que puedes ponerte cremita con cuidadito por la parte de los dedos que choca con el zapato, sin pringar las uñas, que hay veces que esas zonas se endurecen tanto que luego también se agrietan como los talones, y la hemos liado).
  • No usar callicidas ni ácidos que puedan provocar una quemadura .
  • El corte de las uñas será recto y es recomendable que se limen (a ver, que dicho así nos podemos liar sobre el limado: que mejor limar que cortar a tijera, por muy profesionales que sean las tijeras. La lima no te deja picotazos en la piel que luego se puedan infectar y dejarte un agujero donde antes había un dedo).
  • Inspeccionar diariamente los pies; un espejo puede ser de gran ayuda (lo de inspeccionarlo con un espejito no es que te estén llamando inflexible, no. Volvemos a cuando se haya perdido sensibilidad y no nos hayamos dado cuenta. Si una heridita no te duele, y encima, no la ves, puede pasar de extragis el tiempo suficiente hasta haberse convertido en un túnel. Y ya en serio, hay compañeros que saben de una herida en sus pies porque huele de pronto el pie a podrido, que es olor que desprende una úlcera gangrenada, y eso no tiene gracia, la verdad. Así que si os cuesta ver con espejo, pedidle a alguien que os mire los quesos, que no queremos cambiar pies por cabrales).
  • Los calcetines serán sin costuras, evitando tejidos sintéticos (sin costuras, los hay; y los hay hasta baratos. De algodón, muchísimos. Y lo que aquí, a mi parecer, han olvidado es el tema de la liga del calcetín: nunca debe apretarte. Si te deja una marca en el tobillo, mándalos a tomar por culo saco. En Calcedonia los tienes baratitos con ligas antipresión; pero la forma más simple es la tijera, y se arregla bien de un tijeretazo al elástico de la liga, o recortándola entera. La sangre tiene que llegar hasta las puntas de los dedos, y lo que , ¡zaca!, ¡fuera!) 
  • Comprobar el interior del zapato por si hubiera cuerpos extraños (no solo hay que comprobar que no llevas un garbanzo en el zapato, sino que el calcetín no ha quedado con pliegues. Cualquier cosa que apretuje de más, o que roce, puede suponer pasarte una temporadita medio cojo y retorcido de dolor). 
  • Los zapatos serán de piel, tacón bajo y abrocharán de forma que no compriman el pie, de cordones o velcro (sí, es verdad, el calzado de piel es más caro, pero puedes buscar siempre en los olutlets, y, ya que estamos, en las rebajas; el pie no sigue creciendo llegada una edad, pero los precios, sí. Es cosa de buscar).
  • El mejor momento para comprar zapatos es a última hora de la tarde, cuando el pie alcanza el máximo volumen.
  • Nunca se debe andar descalzo (esto sí que lo tenemos que llevar a rajatabla. Ni descalzos, ni con calcetines a pelo, por muy por casa que estés, y muy limpito que creas tener el suelo. Pisa un cable, y te vas a enterar de cuántas constelaciones pueden caber en tu cabeza... Y esto es también obligatorio para cuando te vayas a la playa. ¿Que no sabes qué son los escarpines? Pincha aquí, y verás que bien).
  • Procurar no fumar, para evitar que la circulación empeore.
  • Acudir al podólogo regularmente y ante la aparición de la más mínima lesión (en Andalucía se ha llegado a un convenio en el SAS por el que tenemos revisión podológica anual si lo solicitamos, tanto si podemos desplazarnos, como si el profesional ha de moverse a la casa del paciente, que ya sabemos que entre los más mayores hay más diabéticos, y suelen ser tipo 2. Esas revisiones y servicios son gratis. Pero, si no puedes pagarte un podólogo por cada ulcerita, o por cada corte de uña, siempre te queda el ir a la Facultad de Podología más cercana a tu casa. Suelen tener un área clínica donde se atienden a los pacientes por precios muy asequibles. De todos modos, somos muchas las asociaciones que ofrecemos podólogos baratitos, por eso de garantizarles clientela asegurada, y también firmamos convenios de colaboración con la Universidad para que te cueste tan poco que acabes cogiéndole gustillo a eso de la quiropodia, vamos, a arreglarte los callos para que no te den la lata).


Más en http://www.podologosasturias.com/clientes-consejos-utiles.asp


Sobre la estética no digo nada. Cada uno que use, dentro de lo cómodo, lo que más le guste. Aunque seas "pié de riesgo" no tienes por qué ir con los zapatos de los payasos. Con un poco de "miroteo", siempre se encuentra algo a gusto del consumidor. La cosa es poder caminar, y morir con las botas puestas. Será señal que hay donde ponerlas.

lunes, 9 de mayo de 2011

El que no tenga dinero, que le den por culo, y sin betadine.


Ayer, mientras íbamos en el coche sin saber dónde tirar, con un chucha-chups de actiq (puritita morfina) en la boca, y llorando, pusimos la radio, y, mire usted por dónde, ahí estaban hablando del Modelo Sanitario que aún disfrutamos.
Que si el país que más gasta en Sanidad (no, no, allí es sanidad) es Estados Unidos; que si en España se cumplen 25 años de la Ley General de la Sanidad Española, que si es viable o no lo que hoy tenemos, etc. Hablaban comentaristas que andan con cagaleras por irse en un crucero allende los mares, y lo hacen ex cátedra. Manda huevos, como decía otro que tan bien vive.
La sostenibilidad del Sistema Sanitario depende de decisiones políticas, y con la crisis, y los políticos que hay, de aquí a nada tendrán morfina los que puedan pagarla. En seguida que vienen los listos sanos a hablar de cortes de gastos hablan de racionar, o más cursi aún, priorizar. Los usuarios, nosotros, los que nos morimos de dolor porque en su día no nos quisieron atender, porque no respondíamos a los criterios asistenciales a los que ellos están sujetos (y eso que aún hay dinerito), los usuarios, digo, tenemos mucho que decir. Que ya está bien de callar.
La Sanidad es un lujo que ha costado muchos años conseguir como un derecho. Que en España vamos ocho veces al año al médico, el doble de veces que en Europa, y que por eso digan los que disfrutan de la privada que somos (el resto, ¡eh!, ellos, no) hipocondríacos, egoístas y narcisistas es dejarnos insultar y apalear sin más. Ni por los tres telediarios que me quedan estoy dispuesta a oir a dechados de virtudes así.
Cuando Julia suelta por su boquita eso de "que se hable de sanidad pública, universal y gratuita parece una perversión intolerable" sólo significa una cosa: que está muy buena, pero que no tiene ni puta idea de lo que es vivir como vivo yo, enferma desde niña, y muy grave desde hace años.

Conozco la sanidad privada. He sido una niña de Asisa desde que tengo memoria de lo que es una consulta. Siempre estuve encantada con mi clínica y mis profesionales. Eran los míos. Y cuando, en 2005, conocí nuestra Seguridad Social, con nuestros Centros de Salud públicos y nuestros hospitales, también públicos, pude entender bien, y desde mi pellejo, lo mucho que teníamos y la calidad abismal que separaba ambos sistemas: como diabética, lo que hay en el SAS es muchísimo mejor que lo que hay en las compañías privadas. La Educación en Diabetes sólo la tuve en la Unidad de Gestión de Endocrinología y Nutrición del Virgen del Rocío. Y aprendí a comer. Todo lo que necesité: pruebas, tratamientos, centros, ... todo lo gestionaban desde esa Unidad, centralizando la atención sobre mí, la enferma. Y todo lo que hasta entonces había sido un temor para mí: colas interminables, listas de espera, habitaciones con dos enfermas más, etc... todo eso se desmontó sobre la realidad que viví. Vale, hicieron un exhorcismo una vez en mi cuarto, pero la cosa quedó en anécdota, porque a cambio salí aquella vez de alta con mi fístula para diálisis hecha sin haber esperado ni tres meses desde que la prescribieron. 


Estoy harta de oir a usuarios quejicas de los que pretenden llegar y besar el santo en la puerta del consultorio, como lo estoy también de los sanos que no tienen ni idea de lo que se cuece en las salas de espera de clínicas privadas: mucho Vogue por fuera y 20 minutos por dentro, algo así como el Rufino de Luz Casal. Harta de los que dicen saber porque les contaron, no porque vivieron. Los muy enfermos como yo, los crónicos, los ancianos, no somos eso que pintan los que todo su problema es ir enconjuntadas a la emisora: no somos reiterativos ni abusivos. Somos enfermos. Quiten lo que sobra, como las mariscadas en representación de no sé quién; penalicen conductas no saludables, como conducir poniendo el morro del coche tuneado en el culo del utilitario cargado de niños y madre de familia, y dejennos morir en paz, y atendidos.


Mi viaje terminó en la Facultad de Podología. Allí un profesor y varios alumnos me pusieron betadine y algo que ralentiza su efecto. Ellos saben bien lo que hacen. Y ni gobiernan, ni dicen a otros cómo hacer las cosas. Al salir tiré a la papelera mi pañuelo lleno de rabia y mocos. Arrastrando mi pie incurable.





Beatriz González Villegas.

Sobrevivir es como exponer. El éxito no sólo está en la inspiración del que pinta, también en la del que cuelga, aunque sea daltónico. Foto: Beatriz Mera.